Siente Mag

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Ya no son los de las fotos

Por Omar Espinoza.

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Músicos mortales y música inmortal conviven en un mundo hecho de ausencias y recuerdos

¿Quién no tiene o ha tenido  en su cuarto el póster de su grupo o cantante favorito? Yo he tenido varios cuartos –tres por lo menos- y en cada uno de ellos he pegado varios pósters. Nirvana, Aerosmith, pasando por Enanitos Verdes, hasta los New Kids on the Block y Michael Jackson, han acompañado distintas épocas de mi vida, Hoy es Charly García. Un Charly un poco más joven  que el que vimos hace unas semanas. Pero Charly, al fin.

Imágenes de ayer

Cuando escuche la noticia de que Michael Jackson había muerto no lo pude creer. Tenía una imagen tan activa del rey del pop que pensar que algún día moriría jamás estuvo en mis planes. Lo recordaba como lo tenía en el póster, la época de “Dangerous”. No soy de ver mucho las noticias así que esa imagen es la última que me lleve de él. La música si la seguí hasta el final.

Semanas después me pasó lo mismo con Mercedes Sosa. Claro que de ella nunca tuve un afiche en la pared, pero si un recuerdo muy plástico y de portada de CD. Cada vez que la imagino  pienso en un disco que me regalaron hace años: “Yo vengo a ofrecer mi corazón” (1985).

Con el gran Arturo “Zambo” Cavero la imagen es distinta, viene en vivo y de infancia. En el restaurante de mi abuela “Las Perdices”, un clásico de los años setentas y ochentas, se realizaban peñas criollas y el “zambo” era uno de los infaltables. Todos los viernes de mi niñez  – o desde que tengo uso de razón- los pasaba a ritmo del cajón  y guitarra. Así, pude conocer leyendas de la música criolla y aprender cientos de canciones que poco a poco – y con los años-  decodifique con nombre y autor. Pero al que más recuerdo es al gran Arturo, lo he saludo varias veces, y ese es el recuerdo que guardo de él.

Pasado y futuro

Tanto pasado junto  y son tan pocos esos “últimos recuerdos”. Con Kurt Cobain no tuve tanta identificación al tiempo que murió (1994). Lo mismo con Freddie Mercury (1991),  Shannon Hoon (1995), Michael Hutchence (1997), Syd Barret (2006), por nombrar sólo algunos.  En su momento me pasó algo similar tras la muerte de George Harrison (2001), pero llegue a la conclusión –paliativa- que los Beatles eran inmortales.  A los demás los conservo en audio y foto.

Conciertos, recuerdos, videos, pósters, portadas. De eso están hechas las memorias musicales. No se trata de andar escogiendo el mejor recuerdo de cada músico y conservarlo, hay que dejar que la vida misma nos atrape en un instante y haga que nuestra retina y nuestros tímpanos se estacionen ahí. Después de todo, el último es el que vale. Y al final todos tendrán ese último recuerdo.

Hoy ya con algunas bajas fuertemente sentidas debo reconocer que la generación de artistas que acompañó nuestra infancia y juventud está llegando a una edad donde la muerte ya no es tan inusual. ¿Preparar la conciencia para cualquier catástrofe o mantener la frente el alto con la idea de que los músicos serán siempre eternos? No lo sé.  Sólo levanto la vista, veo un póster y no quiero imaginar cuándo el recuerdo tenga que ser de él.

sm_wp_admin octubre 30 2009
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