Siente Mag

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Mueve el esqueleto

La banda Calavera Rumbera está con ganas de quedarse y su voluntad, ponderada sobre la de sus miembros, se figura como la raíz de sus ritmos, innegable.

Por Fernando González-Olaechea.

calavera - foto-daniela talavera

Foto: Daniela Talavera

Sentado en la sala de su departamento Diego Salvador entrecierra los ojos como haciendo un esfuerzo y finalmente dice que la banda tiene un poco de todo.  “Metemos lo que oímos en la ciudad.  A mí me gusta el hip hop, el reggaetón, la música peruana. ¿Por qué no podemos mezclar eso?” dice y da una pitada al cigarro que acaba de prender, sellando su intervención.

Calavera Rumbera no es, sin embargo, una banda de fusión. Al menos así lo deja claro Laura Robles, baterista del grupo. Ocurre que a Laura no le gusta el término “fusión”, lo considera inapropiado, como un sustantivo políticamente correcto. A pesar de que lo suyo va más dirigido a las percusiones en general, que al susodicho instrumento, es lo que toca. Y lo hace bien, aunque haya pensado meterse en clases con algún baterista para aprender los redobles bases de la batería.

Alguna noche escuchándola tocar, Diego estaba con el baterista Steve Cournane.

–Diego, dile que no se meta a clases de batería, toca de puta madre –dijo, con su dejo neozelandés Steve, tras un redoble de Laura.

Diego y Laura son dos pilares de Calavera Rumbera. Él, guitarrista, la conoció tomando unos tragos frente al Dragón hace unos quince años. Laura recuerda que ella le dio la contra en algo utilizando aquella muletilla que cierra mucha de nuestras frases: huevón. Diego, entonces, respondió: tú no me conoces, no me puedes llamar huevón. Laura se levantó y se fue. Años después Diego habría de llamarla para juntarse a tocar. Le habían dado unas fechas en El Dragón y él quería hacer algo distinto. Entonces pensó en Laura. Ambos han tocado con el bajista de jazz  Josha Oetz. Diego gusta del jazz, pero también de la música afroperuana y sabía que Laura podría aportar no solo conocimiento en el género, sino energía e ideas. Se juntaron con Mario Cuba al bajo y 15 días después se presentaron. En unas semanas se cumplirá un año desde aquel primer concierto.

La banda ha sufrido diversos cambios de integrantes. Han quedado Laura y Diego, también Mario. Se juntó Manuel Torres haciendo mezclas y scratch y  Peta Robles, prima de Laura, en las percusiones. Otro integrante podría ser Javier Salvador Vargas, amigo de Diego y a la sazón manager del grupo. O como prefiere llamarlo Diego, el hermanager de Calavera Rumbera.

Mientras la conversación fluye en el departamento de la tranquila calle San Martín en Miraflores, llega Doctor Cobra (Stefan Enchev), el vocalista. Se sienta junto a la puerta y participa poco. Prefiere ser llamado así y no por su nombre cristiano. Cobra ha sido el último en unirse a la banda y reafirma lo que es esta agrupación: llegó hace un tiempo al Perú desde su Bulgaria natal a trabajar para una empresa de tragamonedas.

El punto de encuentro en Calavera Rumbera es la percusión. Los ritmos que entrelazan tienen una raíz afro innegable. Y de ahí, para donde salga. El grupo con todas sus idas y venidas, iba a ser en principio un colectivo, ya que muchos de sus integrantes tienen proyectos paralelos. Pero el asunto tomó fuerza. Hace dos meses, días más, días menos, el grupo está definido, aunque siempre con invitados en los conciertos. Esa percusión esencial, ese ritmo, está inmerso en el mismo nombre. Calavera Rumbera, ahí ya hay  sazón, hay baile. El nombre, al contrario de lo que se podría pensar, no surgió como une revelación ante la música, sino más bien como un aporte más. Diego recibió el apelativo de Javier cuando eran niños por ser flaco y pelucón. Un par de décadas después esa chapa burlona y acaso acertada quedaba a pelo para el proyecto que nacía entre compases de festejo y rimas urbanas.

Laura siente que ya está tomando forma. “Hay canciones que ya suenan a Calavera Rumbera”, dice.

–Calavera Rumbera es tono– sentencia categórica Peta, sentada en uno de los extremos del cuarto. Sus pocas intervenciones en la conversación se compensan con lo acertado de su naturaleza.

Algo hay en la banda que sobrepasa a sus integrantes. Quizá es la personalidad que se le ha dado a través del perfil del Facebook. Calavera Rumbera se presenta como una entidad propia, independiente de sus miembros, a quienes, por cierto, vacila en ciertos comentarios de mencionada red social. Existe una personalidad, una suerte de conciencia supraindividual. Eso es lo que se les ve en los conciertos. Eso que los aglutina cuando tocan, eso es Calavera Rumbera.

Ahora están en el estudio grabando uno de sus temas “No me malees”. Además, hay otros seis o siete tomando forma. Este es un grupo espontaneo, donde lo que surge naturalmente será lo aceptado. El humor, entonces será clave en la fórmula.  Acá, al hablar de espontaneidad, el tema del acercamiento en vivo es crucial. Si en esta banda cada uno de alguna forma apunta hacia algún lado y aporta algo distinto, todos coinciden, como si de un dogma se tratara, que en Calavera Rumbera no hay montaje. Lo que ocurre en el escenario es lo que hay. Basta ir a un concierto de ellos para notarlo. También coinciden en que esto es un reto. Y a ellos les gustan los retos. Y la juerga y el vacilón.

Dato: Calavera Rumbera se presenta el 25 de febrero junto a Olaya Sound System y Menores de Edad en el Jazz Zone. La entrada cuesta 15 soles.

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sm_wp_admin febrero 25 2010
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1 Comentario

Pedro Martinto

febrero 20 2010 @ 10:13 pm

INTERESANTE! HABRÁ QUE ESCUCHARLOS PE

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