Gardel, sos el más grande…
“Cada dÃa canta mejor”. Es un latiguillo, pero también es una constatación empÃrica difÃcil de refutar, pese a dudosa calidad técnica de los casi mil registros que dejó a la posteridad. El timbre, la tersura, la amplitud de registro de su voz de barÃtono, la increÃble expresividad, la particularÃsima dicción de su fraseo… Por supuesto, hablamos de Carlos Gardel.
Y también es cierto, como decÃa el maestro Osvaldo Pugliese, que “en Gardel está todo”. Es el origen y la piedra fundacional de un género. Antes de sus composiciones el tango no era más que una infame y áspera danza prostibularia, sin apenas letra y mucho menos poesÃa. Gardel inventó la manera de cantar el tango, lo llevó a ParÃs y a Nueva York y le dio una respetable carta de ciudadanÃa universal entre las músicas del siglo XX. No en vano su voz es hoy Patrimonio de la Humanidad declarada por la Unesco.
Pero el Morocho del Abasto no es sólo eso. También es un mito desmesurado que preside de manera incuestionable el sagrado panteón argentino, del que habla Juan José Sebreli en ‘Comediantes y mártires’, muy por encima de Santa Evita, el Comandante Guevara o incluso el representante de Dios sobre la tierra, nacido en Villa Fiorito y actual DT de la selección albiceleste.
En el 75 aniversario de su muerte, la inmortal sonrisa de El Francesito planea sobre Buenos Aires. Y hoy, como antaño, su brillo ilumina pero también ciega. El resplandor de Gardel condena a una legión de cantores, letristas y compositores no menos talentosas a la injusta sombra.
*Texto tomado de El Mundo.




