¿Acaso un Carnaval es terrorismo? Ataque, injusticia y represión en el Carnaval de Barranco

Foto: Alejandro Castillo
Como ya es costumbre desde hace cinco años, vecinos del distrito, jóvenes, niños y extranjeros nos juntamos en el tradicional parque El Triangulo, donde el día de ayer se celebró el esperado Carnaval de Barranco.
La fiesta empezó alrededor del mediodía, la gente llegaba y los vecinos aprovechaban para hacer negocio vendiendo anticuchos, sándwiches, cervezas y tragos cortos. La gente cantaba, bailaba, comía, se divertía, la pasaba bien, sanamente, en un carnaval que pretendió traer solo alegría, no descontento, conflicto ni agresión de parte de la policía hacia los asistentes.
Estábamos felices cuando de pronto vimos aparecer un batallón de policías que sin el menor remordimiento empezaron a empujarnos, golpearnos, y no contentos con eso, a aventarnos bombas lacrimógenas como si el enfrentamiento (creado por los policías) fuese con delincuentes que se escaparon de la cárcel.
No respetaron nada ni a nadie, los vecinos terminaron con heridas, a un periodista le robaron el lente de su cámara, a otros chicos los agarraban del cuello y a empujones los metían a los camiones que ya habían llegado como ‘refuerzo’ para controlarnos porque, para los hombres de verde, nuestros insultos eran armas nucleares.
Hemos sido testigos del abuso de la autoridad pero tuvimos que correr, buscar refugio, meternos a las casas de los vecinos y permanecer allí porque los efectos de las bombas nos destruyeron.
A veces no hay palabras para explicar la alegría ni la felicidad, efecto que causó el carnaval, pero sí las hay para explicar la tristeza, y esto es lo que sentimos en este momento, pena y decepción hacia las autoridades barranquinas que se empeñaron en que esta reunión, totalmente pacífica, acabe con bombas lacrimógenas, gente herida, detenida, con niños asustados y jóvenes frustrados.
Este acto es una represión de nuestro derecho a la cultura, porque al parecer las autoridades ediles piensan que la cultura solo está en abrir un museo o poner una feria artesanal en un parque. La cultura también es y está en la calle.
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